HASTA LA TETA | La intimidad es un derecho. La invasión de la intimidad en el postparto.

HASTA LA TETA | La intimidad es un derecho. La invasión de la intimidad en el postparto.

"Es curioso cómo convertirse en madre es directamente proporcional al hecho de perder tu intimidad.

Así, de golpe y porrazo.

Empiezas a experimentarlo desde el hospital, cuando te bajan las bragas sin pedirte permiso o te tocan la teta sin previo aviso. Por no hablar del tema visitas, aunque amigas, esto, es de lo poquito bueno que hemos ganado con la puta pandemia. Y es que, el hecho de que nadie venga a verte al hospital, es una jodida bendición. Que no es que no me guste a mi la gente, pero os juro que he agradecido enormemente poder estar con la teta al aire sin mis suegros o lo que es peor, delante del suegro de mi compañera de habitación.

Porque las madres necesitamos intimidad.

Es nuestro derecho. Para disfrutar de este momento sin agobios, a nuestro ritmo, surfeando este profundo, y muchas veces oscuro, mar de hormonas en el que nadamos.

Y es que, como bien explica la psicóloga Esther Ramírez Matos (@matosramirezesther) , el postparto es acuático, porque es un momento rodeado de fluidos: la sangre, la leche, las lágrimas...; En el que necesitamos intimidad para, precisamente, no ahogarnos.

Sangrando, lactando y llorando cuando nos salga del coño. Sin la suegra, la prima o la vecina del quinto. Para poder estar hacia dentro aunque sea ese ratito. Después de todo, no sabemos cuándo podremos volver a cagar solas de nuevo".

Texto:@lamadrequehabito

  • Síntomas de postparto
  • Qué hacer si crees que tienes depresión
  • Tu tribu está contigo, aunque no puedas verla. 
El postparto es una etapa de la vida de la mujer que implica grandes cambios físicos, emocionales y sociales. Sin embargo, muchas veces esta etapa no se respeta ni se valora como se merece, y se somete a la mujer a una serie de presiones y exigencias que atentan contra su intimidad y su bienestar.

Uno de los aspectos que más se vulnera en el postparto es la intimidad de la mujer, entendida como el derecho a preservar su espacio personal, su cuerpo y sus emociones. La mujer que acaba de dar a luz se ve expuesta a la invasión de su intimidad por parte de familiares, amigos, profesionales sanitarios e incluso desconocidos, que se sienten con el derecho de opinar, juzgar, aconsejar o intervenir en su proceso de recuperación y adaptación.

Algunos ejemplos de esta invasión de la intimidad en el postparto son:
  • La falta de respeto a los tiempos y ritmos de la mujer y su bebé, que se ven interrumpidos por visitas inoportunas, llamadas, mensajes o redes sociales, que reclaman atención, fotos o noticias.

  • La intromisión en el ámbito de la lactancia, que se convierte en un tema de debate público, en el que se cuestiona la decisión, la capacidad o la forma de alimentar al bebé, sin tener en cuenta las preferencias, las necesidades o las dificultades de la madre.

  • La obsesión por el aspecto físico de la mujer, que se ve sometida a la presión social de recuperar su figura, su peso o su belleza, sin respetar los cambios naturales que ha experimentado su cuerpo, ni las secuelas o las molestias que pueda tener.

  • La desatención a las emociones de la mujer, que se ve obligada a mostrar una imagen de felicidad, satisfacción y fortaleza, sin poder expresar sus sentimientos reales, como el cansancio, la tristeza, la angustia o la culpa, que son normales y frecuentes en el postparto.

Esta falta de intimidad tiene consecuencias negativas para la salud mental de la mujer, que puede sufrir estrés, ansiedad, depresión o baja autoestima. Según la OMS, el 10% de las mujeres embarazadas y el 13% de las mujeres que han dado a luz experimentan algún trastorno mental, principalmente depresión. Además, la falta de intimidad puede afectar a la relación de la mujer con su pareja, su familia y su entorno, y dificultar el vínculo afectivo con su bebé.

Por todo ello, es necesario reivindicar el derecho a la intimidad de la mujer en el postparto, y promover una cultura de respeto, apoyo y comprensión hacia ella. Algunas medidas que podrían contribuir a ello son:
  • Informar y concienciar a la sociedad sobre la realidad del postparto, y desmontar los mitos, las falsas expectativas y los estereotipos que lo rodean.

  • Fomentar el protagonismo y la autonomía de la mujer en el postparto, y respetar sus decisiones, sus deseos y sus necesidades, sin imponer criterios, normas o consejos no solicitados.

  • Proteger el espacio y el tiempo de la mujer y su bebé, y evitar las visitas, las llamadas o las redes sociales que interfieran en su intimidad, salvo que sean de su agrado y conveniencia.

  • Reconocer y validar las emociones de la mujer en el postparto, y ofrecerle un espacio de escucha, de empatía y de apoyo, sin juzgarla, criticarla o minimizarla.

  • Cuidar de la salud física y mental de la mujer en el postparto, y facilitarle el acceso a los recursos sanitarios, psicológicos y sociales que pueda necesitar, sin estigmatizarla ni culpabilizarla.

Con estas medidas, podremos contribuir a que la mujer viva el postparto como una etapa de crecimiento, de aprendizaje y de disfrute, y no como una fuente de sufrimiento, de presión y de conflicto.

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